Olaf Ladousse
Olaf Ladousse (www.olafladousse.com) ha sido una constante en el submundo creativo de Madrid desde muchísimo de que Subaquatica intentase ser una ventana por la que mirar desde la superficie hacia ese mundo oculto poblado de seres con algo diferente que ofrecer . Y es que seguramente la constancia es una de las virtudes de Olaf. Junto a ella un innegable talento y su espíritu inquieto. Es ese espíritu el que le ha llevado a plasmar su empuje creativo en una multitud de iniciativas que incluyen un fanzine que publica desde hace más de 15 años o ser uno de los responsables de El cartel (www.elcartel.es) un poster que realiza con otros ilustradores y se dedican a pegar por el centro de Madrid por puro amor al arte. Esto es lo que ha dado de si una entrevista que probablemente no llega sino a rozar la superficie del inacabable mundo personal de este francés más malasañero que la Plaza del dos de mayo.

Primero, una pregunta que le hacemos siempre a todo el mundo para estas entrevistas: ¿Cuando, donde, como y porqué empezaste a pensar en ti mismo como un artista y diseñador?
Mi estatuto de diseñador es fácil de fechar y localizar, lo conseguí cuando me diplomé en la Escuela Nacional Superior de Creación Industrial “Les Ateliers” en París en 1992. Luego, cuando entendí que tener mucho ego no era necesariamente negativo, asumí el estatuto de artista.
Y en tu caso una segunda parte: ¿Cómo surgió la necesidad en llevar tu trabajo a la calle?
Por aquí empecé. De adolescente prepúber tenía una pandilla de plantilleros en el colegio. Corrían los años 80, vivía en las afueras de París y se llevaba imitar a Blek, Kriki, Bergu y otros activistas parisinos. Cortaba las plantillas y mis colegas compraban los sprays, llegamos a forrar el instituto el año que nos largamos sin que nadie diese el chivatazo. Entré en la escuela de diseño con un dossier exclusivamente ilustrado con plantillas. Antes de llegar a la calle ya tenía las paredes de mi habitación manchadas, se quedó pequeña, las torres, los parkings y el tren de cercanías que pasaban por mi barrio de La Défense llamaban a gritos un poco de color. Más tarde cuando me saqué el carnet de conducir empecé a recuperar viejas neveras de diseño cincuentón con el coche de mi madre que cogía a escondidas por la noche. Desmontaba el compresor, vaciaba el interior y pintaba la carcasa. Era el proceso inverso, sacar de las calles elementos y pintarlos en casa. El Cartel llegó más tarde cuando me instalé en Madrid. En principio había sacado un nº “en la calle” de mi fanzine “¡Qué suerte!”, un afiche que pegaba encima del panfleto de extrema derecha: La Voz De España . A Mutis le pareció buena idea y propuso retomarla entre 4 dibujantes. Así nació El Cartel, junto con César Fernández Arias y Eneko; Jaques Le Biscuit llegó más tarde.

Tu actividad creativa es ejemplo de multidisciplinariedad, eres poco menos que un artista del Renacimiento pero en malasañero de adopción: Eres, además de ilustrador, autor de comics, editor y artista plástico un hacedor de máquinas sonoras, un grabador de linograbados, artista callejero y por si fuera poco un músico. La pregunta es ¿hasta que punto estas disciplinas contaminan la una a la otra? o dicho de otra manera ¿Ves todo ello como parte de una misma actividad como individuo creativo? ¿Hay un discurso que atraviesa todas las propuestas o eres tú el único nexo?
¡Viva el Renacimiento! Es divertido probar distintos soportes a ver lo que sale. La persona sigue siendo la misma pero se adapta el mensaje a la técnica. Por ejemplo, las historietas que publico en el Mondo Brutto están dirigidas al público bizarro que lee esta revista; lo que cuento en El Cartel es más universal, los lectores son mucho más variados y casuales, la denuncia más a pie de calle. Con la música me importa un pepino que se entienda. Me limito a hacer ruido, tocar con gente con quien me siento a gusto. La calidad musical y el género lo pone el hipotético oyente lo suficientemente curioso como para acercarse a nuestros conciertos o comprar los discos. Tengo obsesiones recurrentes que suelen reflejarse en todo mi trabajo gráfico, como ser el enemigo personal de Dios en todas sus vertientes religiosas y de la renuncia a la libertad de expresión a favor del borreguismo.

En ese mismo sentido parece que hay una generación de artistas plásticos que lo mismo reciben encargos de marcas y agencias como también hay diseñadores gráficos que presentan su trabajo en galerías de arte. Al final la distinción queda no tanto en como se considere cada uno sino en si el trabajo realizado responde a un encargo y unas necesidades de comunicación o puramente a las necesidades e inquietudes expresivas propias del creador detrás de ese trabajo. Más allá de la disciplina que utilices ¿Existe en tu caso una distinción clara entre la producción creativa que sea trabajo puramente personal y los encargos que recibes?
¡Claro hombre!, si aceptas un encargo tienes que satisfacer al cliente, aunque muchas veces en el trabajo artístico también se puede colar el insidioso deseo de agradar al comprador, al fin y al cabo no es tan distinto. Sospecho que existen artistas que exponen para vender. No tengo tanta ocasión de confrontarme con este dilema. La mayoría de mi trabajo es un encargo personal de Olaf Ladousse al bohemio situacionista que pretendo ser.
Cuanto más conocido es tu trabajo y te salgan más encargos de clientes que han visto lo que haces por una parte tendrás más libertad y por otra parte imagino que te encontrarás con aquellos clientes que quieran que repitas para ellos algo que ya has hecho antes ¿Cómo haces para conseguir explorar nuevas posibilidades con cada encargo sin que el cliente no se decepcione porque le presentas algo que no se asemeje a lo que ha visto de tu trabajo?
Es parte del trabajo defender las propuestas que presentas al cliente, si tienes la suerte de encontrarle. Muchas veces los encargos provienen de una agencia de diseño, grafismo, publicidad… que tratan con el cliente. Es un filtro difícil de evitar, nunca sabrás cómo defiende tu trabajo el representante de la agencia. Pero en fin, el cliente en este caso es la agencia y no la marca final. A veces sospecho que me piden unos bocetos para presentarlo como propuesta radical a fin de colar un proyecto menos extremo que la agencia quiere desarrollar. Por eso procuro acordar un precio para todas las propuestas que se renegocian si el trabajo cuaja con el cliente. Obviamente te llaman por lo que conocen de tu trabajo y es muy difícil intentar pasar algo distinto, a menos que te llamen por tu buen nombre, en este caso es más importante la firma que el dibujo. Todavía no llegué a este nivel.

Volviendo a las actividades menos lucrativas, además del arte en la calle y la música, claramente nada con lo que vayas a mudarte a un palacete, está la edición del fanzine “¡Qué suerte!” con el que llevas, con sus pausas, desde 1992 ¿no?. Bueno, esto sí que es amor al arte. ¿Cómo consigues mantener la motivación para andar persiguiendo a artistas de todo el mundo para que te manden sus colaboraciones, a los de las tiendas para que te lo vendan y te paguen lo vendido…? ¿Qué lugar ves que tiene “¡Qué suerte!” en el panorama del comic actual donde lo que se ve que funciona es tan diferente a lo que ofrece esta propuesta? Ya era marciano en el 92, ahora en la era del manga…
El “¡Qué suerte!” es una aventura gráfica bastante bonita y satisfactoria. Empecé cuando movía mi book de diseño por las agencias, encontré muchos dibujantes buenos y les propuse colaborar en el fanzine. El primer número era el nº Huevo, si cuajaba el resultado me comprometía a sacar el nº Pollo, si salía una mierda sería una tortilla. Gustó y fuimos a por el pollo. Se apuntaron más dibujantes, profesionales, novatos, músicos y niños. Cuando me topaba con un dibujante que me gustaba en otros fanzines, les invitaba al siguiente nº . En su mayoría aceptaban. La calidad de la revista la ponen sus colaboradores, yo me limito a editar e invitar a los autores. Publico toda la gente que contacto. Gracias al fanzine conocí a artistas muy buenos, con algunos llevo años escribiéndome por correo postal sin nunca haberles visto el careto. Es como el Myspace sin computadora y con sellos. Mientras haya gente dispuesta a dibujar en “¡Qué suerte!”, seguiré. Saco 500 copias fotocopiadas de cada número. Cuido la impresión de la portada en linóleo. Es un ejercicio llevadero económica y manualmente una vez al año. Cuesta tanto como sacar un single. Cobrar a las tiendas y conseguir una distribución decente es mucho más complicado, una parte del trabajo que tengo bastante descuidada. Puede parecer un fanzine marciano en el panorama nacional pero te aseguro que hay muchas cosas parecidas circulando por el mundo.
Por un lado eres editor pero también eres autor de muchos comics. El proceso de creación de una historieta de comic tiene una vertiente visual y otra narrativa ¿Qué tipo de historias son las que sientes necesidad de contar? ¿Está ese contenido narrativo presente en tus otras actividades creativas que no son en esencia narrativas?
Soy un mercenario de la historieta. Sólo dibujo por encargo, no tengo ninguna página inédita. Me ayuda que me den un tema concreto, así no tengo que preocuparme demasiado de buscar una idea. Los géneros tienen sus guiones típico-tópicos, sean de superhéroes, manga… todas las historias básicamente cuentan lo mismo. Cambia el personaje, puede llegar a cambiar la estructura narrativa pero los recursos siempre son iguales. Mi guión típico es de un personaje que pasea, cae, se levanta enfadado, cae otra vez y muere. No me van los finales felices. Si es para el Mondo Brutto lleno este guión de verborrea bruttesca y si es para el “¡Qué suerte!” se queda mudo. Quizás si un día me pasase algo tremendamente impactante cambiaría de guión. Con la música pasa lo mismo, los músicos del grupo son los personajes de las historietas y siempre solemos contar la misma historia, vía los 3 acordes básicos que el diablo enseñó a Robert Johnson en un cruce de caminos.

Además de todas esas facetas la actividad que resulta más conocida o al menos nos resulta más cercana es la puramente plástica. Además de los comics, las ilustraciones de encargos, lo de “El cartel”, no sé hasta que punto tienes una actividad como artista de estudio. Sé que haces los grabados de linóleo pero no sé hasta que punto los mueves, si expones mucho o poco en galerías o si te atreves con la pintura o trabajos en formatos más grandes. En otras palabras ¿Qué hay de tu actividad como artista plástico propiamente dicho?
Suelo exponer mis grabados en las exposiciones colectivas que me contactan, son fáciles de enviar por correo y bonitos colgados con una chincheta. También me gusta exponer los doorags (los instrumentos musicales que fabrico cortocircuitando juguetes) pero es mucho más difícil encontrar una galería interesada en una exposición sonora. El Cartel se expone en la calle, en su hábitat natural. Me gusta mucho trabajar con el neón, realicé un par hasta ahora. Es un formato que me fascina, mezclan tecnología, dibujo, escultura, luz y calle. Estoy abducido por las cruces de farmacia. Por desgracia son caros de producir y sólo puedo realizarlos por encargo. Cuando sea famoso os voy a cegar a todos.

Por la forma en que trabajas con los linóleos o cómo haces los Doorags parece que te gusta complicarte la vida. Esto me lleva a nada menos que a 3 preguntas.
La primera es doble: ¿Cuanto hay de artesano en el Olaf artista y cuanto de artista en el Olaf artesano?
Soy artesano antes que artista. Mi formación es técnica, aprendí a manejar maquinaria industrial y me acerqué al dibujo vía los planos técnicos. No soy buen dibujante pero bastante hábil con las manos, por eso procuro que la parte manual compense mi menor habilidad visual. Considero que los objetos que fabrico son mejores que los dibujos.
Y la segunda es múltiple: Me interesa mucho la manera en que diferentes artistas se enfrentan al proceso creativo. En tu caso: ¿es más importante el proceso que el resultado? ¿es un tipo de proceso impulsivo o planeado, racional o instintivo…?
En general me importa más la intención de una obra de arte que su resolución final. Por eso me fascina el arte bruto, donde los artistas crean su obra por necesidades e impulso. Una vez realizada, se acabó la obra, la parte contemplativa no incumbe al artista sino al público.
La tercera, parte de la segunda pero que merece capítulo aparte: Está claro que eres más amigo de lo analógico que de lo digital. ¿Revindicas lo analógico como valor en sí mismo o es por contrario una opción en cuanto al proceso?
Procuro no hacerle caso a las últimas tendencias, demasiados marketing e intereses en que utilicemos el último filtro del Photoshop. Entiendo que se pueda pensar que soy un aficionado a lo analógico porque utilizo técnicas de producción y de realización aparentemente en desuso, pero no estoy de acuerdo. Si te fijas en los doorags que fabrico, están hechos de objetos reciclados porque es más práctico, barato y divertido desviar su identidad. Pero el interior es ultramoderno, son los últimos micro-chips fabricados de manera masiva en China que suelo chapucear. Francamente, un ampli de válvulas, un disco de vinilo, suenan mucho mejor que un mp3.

Y ya por último una tanda de preguntas cortas finales:
¿Que andas haciendo últimamente?
Estoy practicando japonés. Me voy de gira a Japón con LCCD: Los Caballos De Dusseldorf (www.myspace.com/lcdd), sigo pegando carteles por las calles de Madrid y preparando el próximo nº Molécula del “¡Qué suerte!”
¿Algún plan para el futuro que nos quieras y puedas adelantar?
Este año quiero fabricar otro neón, publicar una nueva versión del manual “Coser y Cantar” (para fabricar los doorags) con más trucos, seguir tocando fuera del estado, encontrar un buen sello discográfico para el 2º disco de LCDD, grabar con Las Solex. Si todo eso se cumple en el 2008, habré trabajado lo suficiente.
¿Que proyecto no te han propuesto aún y quisieras que lo hicieran?
Más neones. Más viajes. Publicar otro libro tan bonito como aquel “Equilicuá” editado por Le Dernier Cri (www.lederniercri.org), por desgracia no abunda tanta buena editorial por estos lares.

¿Algún artista o iniciativa que quieras recomendarnos?
Visitar, aplaudir y bailar con Fela Borbone (www.myspace.com/felaborbone) si lo tenéis a vuestro alcance. Tomutonttu (www.kemiallisetystavat.com/tomutonttu/) dibuja unas portadas tan preciosas como la música y sus discos. Los tres comuneros Eltono, Nano4814, 3ttman no necesitan más publicidad pero pienso que si les reseño me invitarán a su próxima fiesta. Y visite nuestra web: www.olafladousse.com

Añade comentario 01/6/2008 05:50pm Administrador